Cada mes de enero se repite el mismo patrón en consultas y hospitales: aumentan los casos de pancreatitis aguda y las descompensaciones pancreáticas.
No es una casualidad ni una exageración. Tiene explicación fisiopatológica clara y, en muchos casos, es prevenible.
¿Qué es la pancreatitis?
La pancreatitis es una inflamación del páncreas, un órgano esencial tanto para la digestión como para el control de la glucosa.
El páncreas produce enzimas digestivas (amilasa, lipasa, proteasas) que, en condiciones normales, se activan en el intestino.
Cuando estas enzimas se activan de forma prematura dentro del propio páncreas, se inicia un proceso de autodigestión e inflamación.
Puede presentarse como:
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Pancreatitis aguda, de inicio brusco y potencialmente grave
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Pancreatitis crónica, con pérdida progresiva de función digestiva y endocrina
¿Por qué aumentan los casos de pancreatitis después de Navidad?
Durante las fiestas se concentran los principales factores de riesgo pancreático, sin apenas descanso digestivo.
1. Exceso de grasa mantenido en el tiempo
No hablamos de una comida puntual, sino de semanas de sobrecarga digestiva: fritos, salsas, carnes grasas, embutidos, quesos curados y repostería.
La grasa estimula intensamente la secreción pancreática. En personas predispuestas, este esfuerzo mantenido puede actuar como detonante.
2. Alcohol, incluso en personas que “beben solo en ocasiones especiales”
No es necesario un consumo crónico. El aumento puntual de cantidad y frecuencia es suficiente.
El alcohol tiene un efecto inflamatorio directo sobre el páncreas y favorece la obstrucción de los conductos pancreáticos.
3. Litiasis biliar no diagnosticada
Muchas pancreatitis postnavideñas son pancreatitis biliares.
Las comidas grasas provocan contracción intensa de la vesícula; si existen cálculos, pueden migrar y bloquear el conducto pancreático.
En muchos casos, la pancreatitis es el primer síntoma de una litiasis desconocida.
4. Azúcares y ultraprocesados
El abuso de dulces y productos refinados genera picos glucémicos, inflamación metabólica y empeora el hígado graso, una condición estrechamente relacionada con la disfunción pancreática.
¿Por qué a unas personas sí y a otras no?
Porque no todos partimos del mismo punto metabólico y digestivo.
El riesgo aumenta en personas con:
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Hígado graso
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Dislipemia
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Sobrepeso abdominal
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Antecedentes digestivos
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Colelitiasis
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Pancreatitis previa
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Dietas muy restrictivas seguidas de atracones
La pancreatitis rara vez aparece “de la nada”.
Suele ser el resultado de una suma de factores mantenidos en el tiempo, con un desencadenante final.
Síntomas de alarma que no deben ignorarse
Tras las fiestas, consulta de inmediato si aparece:
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Dolor abdominal intenso (a menudo irradiado a la espalda)
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Náuseas y vómitos persistentes
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Intolerancia clara a la comida
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Empeoramiento del dolor tras comer
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Fiebre o malestar general marcado
Esto no es una digestión pesada. La pancreatitis requiere valoración médica urgente.
La clave del tratamiento: abordaje multidisciplinar
Superada la fase aguda, el error más frecuente es pensar que “ya está todo hecho”.
En realidad, el verdadero tratamiento empieza después.
La pancreatitis requiere un abordaje coordinado entre el especialista digestivo y la nutricionista clínica:
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El digestivo diagnostica la causa, valora la gravedad, pauta tratamiento médico y decide pruebas o intervenciones necesarias.
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Nutrición clínica adapta la alimentación a la fase de recuperación, ajusta la grasa de forma segura, previene déficits nutricionales, mejora la tolerancia digestiva y reduce el riesgo de recaídas.
Sin este trabajo conjunto, es habitual ver:
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Dietas excesivamente restrictivas mantenidas sin indicación
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Miedo injustificado a la grasa cuando ya no corresponde
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Pérdida de peso y masa muscular
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Recaídas por falta de educación nutricional adecuada
La nutrición no sustituye al tratamiento médico, pero sin nutrición clínica bien planteada, la recuperación queda incompleta.
🔹 ¿Qué hacer después de una pancreatitis?
Una vez superada la fase aguda y siempre con el visto bueno médico, estas son pautas generales:
✔ Priorizar
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Comidas fraccionadas y regulares
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Grasas bien seleccionadas y ajustadas (no eliminación total)
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Proteína suficiente para evitar pérdida muscular
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Técnicas culinarias suaves: vapor, horno, plancha, guisos sencillos
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Buena hidratación
⚠ Evitar (al menos de forma temporal)
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Alcohol
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Fritos y grasas ocultas
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Ultraprocesados
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Comidas copiosas
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Ayunos prolongados sin supervisión
❌ Errores frecuentes
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Mantener dietas “cero grasa” durante meses
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Eliminar grupos de alimentos sin criterio clínico
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Volver de golpe a los excesos una vez desaparece el dolor
Cada pancreatitis es distinta. No existe una dieta única válida para todos los casos.
Conclusión
No vemos más pancreatitis en enero por casualidad.
Las vemos porque el páncreas no entiende de excesos acumulados y porque muchas personas llegan a Navidad con el sistema digestivo ya al límite.
La buena noticia es que:
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Muchas pancreatitis son prevenibles
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Y muchas recaídas también
Siempre que el abordaje sea individualizado, realista y multidisciplinar, combinando medicina digestiva y nutrición clínica especializada.
Porque la pancreatitis no se trata solo de “comer bajo en grasa”, sino de entender qué ha pasado y cómo evitar que vuelva a pasar.
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Y si te encuentras con síntomas digestivos persistentes, dolor abdominal o antecedentes de pancreatitis, es importante valorarlo a tiempo.
Puedes pedir cita para una evaluación individualizada y un abordaje conjunto digestivo–nutricional.